CUBA | PRODECU ANALIZA DEL PRIMER SEMESTRE DE 2011 DE LA POLITICA CUBANA

Editor Noticiero DC |

Lo más significativo de los eventos en desarrollo en la primera mitad del año en curso, continúan vinculados con los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución, aprobados el 18 de abril pasado durante el VI Congreso del Partido Comunista de Cuba. Transcurridos los dos primeros meses del congreso del partido único, llaman la atención los temas y debates que se producen en las actuales asambleas provinciales a lo largo y ancho del país. La urgencia de la puesta en marcha de los lineamientos aprobados, bajo la tríada de una conducta regida por el orden, la disciplina y la exigencia —fundamentalmente en lo concerniente a la producción agropecuaria—, centra las discusiones. La reiterada cantaleta de los incumplimientos, las negligencias, las insuficiencias y deficiencias y la corruptela no es, por lo general, lo que más sorprende; lo sorprendente es cómo, a pesar de la incapacidad manifiesta para solucionar la crisis sistémica en la que han sumergido a la sociedad y a la economía, aún persistan en defender e imponer la fórmula de un solo partido para decidir los destinos de la nación.

Una macrovisión al comportamiento reciente de algunos de los renglones históricos más significativos que caracterizan la producción agropecuaria cubana dejan boquiabiertos y enteleridos a los observadores.
La zafra azucarera 2010-2011 concluyó con una producción de 1,2 millones de toneladas de azúcar, la menor realizada en todos los tiempos, solo superada por la del año 1894, en la que se produjeron 1,1 millones. Los rendimientos agrícolas, según la prensa oficial, promediaron 32,5 toneladas de caña por hectárea nacionalmente, cuando los promedios de los principales países productores del mundo están actualmente entre las 70 y 80 toneladas, según la FAO. Participaron en esta molienda solamente 39 ingenios; cifra irrisoria si tenemos en cuenta que a finales de la pasada centuria, la industria contaba con 156 fábricas de azúcar. Este número de ingenios se ha reducido casi a la tercera parte (60), luego del proceso de racionalización de la industria  azucarera.
En la década de los años 50 del siglo XX, cuando la población cubana rondaba los 6 millones de habitantes (ahora somos 11 millones 241 mil 161 al cierre de 2010, según la Oficina Nacional de Estadísticas), la producción azucarera fluctuaba anualmente entre los 5 y los 7 millones de toneladas, en cosechas de 3 a 4 meses de duración.
La agroindustria cafetalera cubana cosechó solamente 6,300 toneladas de café en el presente año, el 10% de lo que se produjo en el 1958 del siglo pasado, cuando se cosecharon 60,000 toneladas de café de óptima calidad (1 millón de sacos de 60 kilogramos de la variedad arábico suave), en las montañas del oriente del país. Cuba, luego de 160 años como exportadora de café de los mejores del mundo, ha pasado a importadora y de las variedades más corrientes.
El cacao, cultivo privilegiado de la región de Baracoa está prácticamente abandonado. El arroz, al que se le han asignado importantes insumos y apoyo financiero, no alcanza los volúmenes previstos y su cosecha es caótica en la mayoría de las regiones en que se cultiva. La ganadería vacuna no supera la crisis de la mortalidad, tanto por la falta de alimento como por la actividad de los cuatreros y, la masa continúa decreciendo. Los cítricos y otros frutales no dan  señales de recuperación e incluso, el tabaco, al que el estado ha brindado tradicionalmente una atención especial, no pasa por un buen momento.
En cuanto a la aplicación del Decreto-Ley 259 para la entrega de tierras ociosas a usufructuarios privados, había aún por entregar, al cierre del primer trimestre del actual año, 800,000 hectáreas. En el millón ya entregadas los nuevos precaristas agrícolas, luego de enfrentar la infestación de marabú sin equipos mecánicos y con limitaciones herramentales, dan fe de la capacidad de trabajo que poseen los cuentapropistas. El 25% de estas fincas se dedican al cultivo de viandas, hortalizas y granos; el otro 75% a la cría de ganado vacuno, ceba de toros, arroz, ganado menor, caña, frutales, tabaco y cultivos varios. Ahora estos nuevos productores independientes agrícolas, conjuntamente con los 309,728 trabajadores por cuenta propia que actualmente laboran en las 178 actividades aprobadas por el estado, marcarán una vez más la diferencia entre el trabajo privado y el estatal, entre el productor libre y el cautivo. La observancia de las leyes del mercado, del valor, de la oferta y la demanda y de la libre competencia, impondrá nuevas relaciones sociales y se recuperarán tradiciones cualificadas de producciones y servicios que se perdieron durante este medio siglo del llamado socialismo real cubano.
Lo contradictorio reapareció cuando, en el discurso de clausura del congreso leído por el actual presidente escuchamos: “(…)defender, preservar y proseguir perfeccionando el socialismo y no permitir jamás el regreso del régimen capitalista”; o: “(…)la actualización del modelo económico a fin de garantizar el carácter irreversible del socialismo en Cuba”. ¿Alguien podrá definir que es o que ha sido el socialismo en Cuba? Esta pregunta, suponemos que esté presente durante la realización de la Conferencia Nacional del Partido convocada para el mes de enero del próximo año. Si realmente los actuales dueños del poder en Cuba están dispuestos a «cambiar todo lo que debe ser cambiado», no deben perder esta oportunidad para aceptar el pluripartidismo y el reconocimiento de la sociedad civil independiente. Un partido único puede apoyar a un mando militar en la conducción de una guerra, pero no puede conducir a un país hacia el bien común. La democracia solo existe en el marco de las divergencias y en el respeto a las diferencias. Los cubanos necesitamos, para verdaderamente comenzar a cambiar, el libre intercambio de ideas y opiniones; el libre acceso a la información y al ciberespacio; la implementación de todos los derechos humanos reconocidos para todos.
Esta nueva visión de la política facilitaría, entre otras, la inserción de los cubanos residentes en el exterior en los procesos de recuperación económica en nuestra patria común. Recientemente, el miércoles 1 de junio, en una encuesta online realizada por el diario El Nuevo Herald, ante la pregunta: ¿Cree que los empresarios exiliados deben invertir en Cuba? Respondieron Sí el 45% y No el 55% entre 3,937 votos totales. La discreta visita de un empresario cubanoamericano a las islas de Cuba había disparado el tema en los medios. La magnitud de esa comunidad establecida en los Estados Unidos, compuesta por 1 millón 785 mil 547 personas, cifra que representa el 15% de los cubanos del interior de Cuba, censados el pasado año, le confiere una importancia vital y un potencial insoslayable ante la renovación de nuestro envejecido, endeudado e improductivo país. El hecho de que se haya valorado por este representante de un importante sector de esa comunidad, el derecho a invertir como cubanos y no como extranjeros, sin discriminar a los nacionales residentes en Cuba, evidencia que continuamos siendo un solo pueblo, a pesar de los intentos de determinados sectores extremos por mantenernos divididos. Finalmente, son las mismas aguas del Estrecho de Florida las que nos unen, no las que nos separan.
Podemos estar de acuerdo en que existen en la actualidad presiones externas, como la crisis mundial, los precios de los productos básicos, de la energía, el bloqueo norteamericano y el pago del servicio de la deuda externa, que complican la situación nacional, pero la improductividad, la ineficiencia, el descontrol y la corrupción generalizada son el resultado de un experimento totalitario fallido. El socialismo solo ha tenido un relativo éxito cuando se ha desempeñado en escenarios políticos plurales y democráticos. La historia contemporánea universal ha dado pruebas de esto. Sería un disparate entonces intentar actualizar el nombrado modelo; la lógica señala que el camino es el cambio hacia la democracia participativa, el pluripartidismo, la economía social de mercado, la reunificación de la nación cubana y la paz. La próxima Conferencia del Partido Comunista de Cuba pudiera ser un punto válido de inflexión en esta nueva dirección. La garantía de la futura independencia y soberanía nacionales así lo demandan.