.


 

COSTA RICA | BICENTENARIO: NOS SALVO LA APERTURA AL MUNDO, MIGUEL ANGEL RODRIGUEZ

Noticiero Demócrata Cristiano |

Muy mayoritariamente, nuestros antepasados de hace 200 años eran montañeses que vivían en la Meseta Central, aislados unos de otros y daban la espalda a los lejanos océanos a los que tardaban días en llegar a caballo, con carga en mulas, o a pie trasportando sus bienes. Habían tratado desde el siglo XVI de encontrar productos que les permitiesen mejorar sus condiciones paupérrimas de vida importando más artículos terminados y materias primas y herramientas de Europa, o desde colonias americanas más desarrolladas. Pero los resultados habían sido muy limitados, con alimentos, sebo, cueros y mulas y decayó desde inicio del siglo XVIII por el declive de las Ferias de Portobello en Panamá.


El cacao de Matina vino desde las últimas décadas del siglo XVII a constituirse en el principal producto de exportación. Pero la producción local y la importación en Nicaragua de cacao de Suramérica limitó sus compras y se empezó a comerciar principalmente mediante su intercambio por mercancías con ingleses y zambos mosquitos, en comercio irregular y contrario a las leyes mercantilistas del Imperio Español. La falta de intercambios mediante moneda se hizo tan predominante que la plata empezó a ser muy escasa y se autorizó a principios del siglo XVIII el uso de cacao como moneda. La relación entre el cacao y la moneda de plata -menos escasa que la de oro, se estableció cuando las exportaciones a Nicaragua ya habían disminuido. “La relación de número de almendras por real varió a lo largo del siglo XVIII, variación que va a depender de la cantidad de cacao existente en la economía y de su demanda ya sea interna o externa. Así, podemos encontrar que dicha relación se estableció unas veces en cien almendras de cacao por cada real y otras en ochenta por el mismo monto.” (Manuel B. Chacon UCR).

 

Además, la disminución de la mano de obra indígena limitó la producción a pesar de las frecuentes incursiones que, a pesar de la oposición de los misioneros, realizaba a Talamanca el pequeño ejército colonial para capturar a sus habitantes y someterlos al trabajo servil de las encomiendas. Para finales del siglo XVIII el cacao había sido reemplazado por el tabaco como principal exportación, y empezaba a ganar importancia la de palo Brasil para tintes.


Nos llegó entonces el don del café en 1791, en el barco Nuestra Señora de los Ángeles procedente de Panamá y originada esa semilla en Jamaica a pedido del Gobernador José Vásquez y Téllez. Lo difundió el Gobernador don Tomás de Acosta, se exportaron los primeros dos quintales a Panamá en 1820. El Ayuntamiento de San José, don Juan Mora Fernández y don Braulio Carrillo promovieron su cultivo y adjudicaron tierras a quienes lo cultivaran, se exportó a Inglaterra por primera vez vía Chile en 1832 y el inglés William Lacheur en 1843 negoció con don Santiago Fernández la compra de 5.505 quintales (250.227 kilos) para exportarlo directamente a Inglaterra.  Dos años después volvió con otras mercaderías y más barcos.


Fue una actividad pionera en aquel rincón perdido del mundo. Colombia inicio sus cultivos comerciales en 1835 y su exportación en la segunda mitad del siglo XIX, El Salvador empieza a cultivarlo en 1860, Guatemala en la década de 1850.


El café nos abrió al mundo. Luego vinieron los ferrocarriles y el banano.


En 1854-55 se exportaron 3.252.614 kilos de café, en 1869-70 fueron 11.557.500; en 1899-1900 16.100.905 y el promedio de volumen anual de su exportación de 1902-40 fue de 19.746.357 con un crecimiento de solo un 23 % respecto a finales del siglo XIX. Claro que a la par de a gran diversificación de las exportaciones que hace café y banano sean ahora menos de un 12% de nuestras exportaciones, la exportación de café llegó a 74.112.440 kilos en la cosecha 2019-2020.


Desde entonces con altos y bajos, con éxitos y fracaso, nuestra historia ha dependido de esa apertura. Hemos sido un país con gran, aunque variante, apertura al exterior. Migraciones, cultura, tecnología, ideas, medicinas, alimentos, materias primas, máquinas y herramientas han podido llegar a nuestras costas y valles gracias a nuestra apertura y a nuestras exportaciones.


A lo largo de nuestra historia, el café, el banano, el cacao, la carne, el Mercado Común Centroamericano, la Iniciativa de la Cuenca del Caribe, los nuevos productos agrícolas, las zonas francas, los tratados de libre comercio, el turismo y la exportación de servicios y bienes tecnológicos han sido los instrumentos que nos han permitido superar nuestra pequeñez y crecer y disfrutar más que nuestros vecinos.


Pero la tarea está lejos de completarse. Tenemos mucha pobreza, gran desempleo, ha aumentado la desigualdad y las familias de clase media no se sienten satisfechas con lo alcanzado. Debemos crecer más y para ello debemos incrementar nuestro intercambio con el mundo, innovando más; siendo más eficientes y productivos; destacándonos por nuestra cultura de libertad y democracia, paz, legalidad y justicia, amistad y solidaridad; y contando con una fuerza laboral más capacitada.