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EL SALVADOR | DISCRIMINACION, MANZANA ENVENENADA: JORGE TOBAR, CANDIDATO A DIPUTADO POR PDC SAN SALVADOR

Noticiero Demócrata Cristiano |

En 2013, en Oregón, EE.UU. la familia Klein, dueños de una pastelería de línea cristiana, se negó a fabricar un pastel para una boda gay. Los dueños del negocio explicaron a las mujeres contrayentes que sus creencias les impedía hacerlo y que debían buscar otro lugar; estas, les pusieron una demanda por sentirse discriminadas, y un juez les cerró parcialmente el negocio a los Klein y los obligó a pagar una multa de $ 135,000.

Hace unos años, esto era inconcebible. El dueño de un negocio tenía la libertad de “reservarse el derecho de admisión”. Mediante una exageración abusiva y tiránica de “proteger los derechos de las minorías”, las sociedades occidentales han caído en la rancia contradicción de sacrificar derechos sagrados de las inmensas mayorías, como la libertad”.

Pero ¿Qué es discriminar? Este verbo tiene su origen en el latín; y significa “dis”= Separar y “crimin”= distinguir. O sea que discriminar es el acto de “separar por las características que lo distinguen”. En otras palabras, discriminar es establecer diferencias, no superioridad o inferioridad. Cuando se llega a pensar que alguien es superior a otros por su raza, religión, nacionalidad, etc. Eso es entrar en el terreno de la ideología.

El ser humano se distingue de los demás animales, por su capacidad de “discriminar”, empezando por él mismo. De hecho, la “consciencia” es la capacidad de reconocerse a sí mismo, como un ente separado y diferente de todos los demás y de lo que lo rodea. Discriminamos todo el tiempo y nuestra calidad de vida depende de nuestra capacidad de discriminar con certeza y calidad. Discriminamos para escoger nuestros amigos, nuestra pareja, nuestra profesión etc. Discriminamos las calles, las zonas, las personas, a la hora de comprar. De hecho, hay muchas profesiones que su trabajo es discriminar, por ejemplo quienes se dedican a reclutar y seleccionar personal. Sin ir muy lejos, tener un presidente como el que tenemos, es una evidencia abrumadora de nuestra inexistente capacidad de discriminar con eficiencia a los candidatos.

Discriminar no es el problema en sí, sino, provocar daño físico o psicológico a alguien por sus características distintivas. No hacer un pastel, no es un daño de ningún tipo. Como tampoco si una pareja heterosexual va a un club gay y les impiden la entrada. Para eso los negocios marcan su identidad, y los Klein estaban plenamente identificados como una pastelería cristiana.

Mi caso personal, aunque tengo conocidos con estas características, no hago negocios con pastores evangélicos ni fanáticos religiosos; la experiencia me ha enseñado que este tipo de personas tienden a ser informales y tramposos. Y me reservo el derecho de admisión. Pero con esto no les hago ningún daño, ya que hay muchas empresas como la mía que prestan el mismo o mejor servicio y tienen la libertad de ir a buscarlas. Así también, he sido discriminado porque algunos me tildan de “ateo”. Un “amigo”, con quien nunca habíamos tocado el tema de religión, estuvo a punto de agredirme cuando supo que yo no creía en su “dios”. “Le oró” frente a mí, pidiéndole que me enviara todo el castigo posible, incluso que me provocara la muerte y me enviara al infierno. No pude evitar una sonrisa ante ese show, y eso hizo que explotara en ira y quiso agredirme, pero afortunadamente lo detuvieron y no pasó a más. Pero ni se me ocurre poner una demanda por discriminación, me siento bien con mi estructura conceptual basada en conocimiento, que me ayuda a interpretar la realidad de una forma más objetiva y racional y no me avergüenza, aunque quieran hacerme sentir mal por eso.

No solo sugiero y promuevo la discriminación, sino, trato de aportar conceptos e ideas para que dicho proceso mental se haga con calidad. Por supuesto, me opongo rotundamente a que alguien sea atacado, agredido o insultado por sus características. Defiendo a ultranza la libertad de cada quien a ejercer su individualidad plenamente, sin dañar los derechos de los demás.

A la discriminación que sí me opongo, es a la “positiva”. Es la que asigna privilegios a alguien por sus características propias. Creo en la igualdad de todos ante la ley. Todos diferentes pero con los mismos derechos. Pero muchos países han construido una cultura de discriminación positiva, y la han llevado al borde de la locura. Si un refugiado musulmán viola a una holandesa, por ejemplo, el gobierno trata de ocultar el hecho y en muchas ocasiones queda en la impunidad; pero si es holandés el agresor, se le deja ir el estado con todo el peso de la ley por delante. Si un heterosexual pinta una calle con su color favorito, seguro le montan una multa si es que no va a la cárcel; pero si es el movimiento LGTBI quien pinta con sus colores distintivos, se paran a aplaudir. Eso es discriminación positiva y es la manzana envenenada de las sociedades occidentales. La puerta del camino a su propia destrucción.