MEXICO | ES HORA DE ABRIR EL CONGRESO; VICEPRESIDENTE DE LA CAMARA DE DIPUTADOS, MARCO ADAME

Noticiero Demócrata Cristiano |

Han pasado casi tres meses desde que se presentó el primer caso de coronavirus en México, y más de dos meses desde que el director general de la OMS hiciera aquella lapidaria declaración definiendo el covid-19 como una pandemia debido a los alarmantes niveles de propagación y a la gravedad del virus.

Y son ya ocho semanas desde el inicio de la Jornada Nacional de Sana Distancia, con sus fases y episodios, como la falta de coordinación entre los órdenes de gobierno, la incertidumbre sobre el curso de la pandemia, la demanda de pruebas de detección e información confiable, las deficiencias en la ejecución de las medidas implementadas y las contradicciones en la comunicación oficial.

Durante este tiempo, el Congreso ha estado detenido debido a que las leyes vigentes impiden su funcionamiento de manera remota y sus sesiones virtuales no son vinculantes, se reducen a la presentación de puntos de acuerdo e iniciativas sin la posibilidad de votar ningún asunto relevante para la crisis que enfrentamos. Esta situación es muy delicada y debería ser preocupante tanto para los legisladores como para la sociedad en su conjunto, independientemente de que al titular del ejecutivo federal, ensimismado, pareciera no importarle y hasta se sintiera cómodo, como si prefiriera un congreso silenciado para gobernar por decreto y sin ningún contrapeso, tal y como sucede en los regímenes autoritarios.

Legisladores de distintos partidos hemos insistido en la necesidad de reformas a fin de autorizar al Congreso para sesionar a distancia, cuando las condiciones sanitarias o una emergencia así lo requieran. Las iniciativas van desde reformar la Constitución —cuyo artículo 63 dispone la concurrencia de los legisladores para sesionar y votar— hasta una adición al art. 34 de la Ley Orgánica del Congreso. Medidas similares han sido tomadas alrededor del mundo. Las reformas realizadas por el congreso chileno son un ejemplo de ello.

Respecto a la obligación de “concurrencia” plasmada en la Constitución, el diccionario de la lengua española define “concurrencia” como “juntarse en un mismo lugar o tiempo”, por lo que comparto la idea de que los avances tecnológicos permitirían salvar este requerimiento y no sería necesaria una reforma constitucional. En cualquier caso, el Congreso no puede ni debe seguir detenido. A nivel internacional existen ejemplos de presidentes que, en medio de la contingencia, han ampliado sus facultades de manera desmedida, en detrimento de los equilibrios de poder, de las libertades y derechos fundamentales de los ciudadanos.

En una democracia no se debe pasar por encima del Congreso ni de la Constitución ni atentar contra la división de poderes. Estas no son meras teorías, en México ya tenemos las señales que ha mandado el ejecutivo cuando intentó quitar la facultad exclusiva de la Cámara de Diputados para la asignación del presupuesto o cuando pretende gobernar por decreto con el polémico e inconstitucional acuerdo sobre el uso permanente de las fuerzas armadas en tareas de seguridad pública o el nocivo acuerdo de la Secretaría de Energía con disposiciones arbitrarias para suprimir la inversión privada en la generación de energías limpias.

El presente y el futuro de nuestra democracia, así como la profunda crisis que enfrentamos, exigen de la unidad y de la participación solidaria de todos. Es indispensable el funcionamiento pleno de nuestras instituciones democráticas a fin de garantizar el derecho a la salud, la seguridad, los empleos y la economía de las familias mexicanas.