CHILE | EL EX PRESIDENTE DON PATRICIO AYLWIN CUMPLIO 96 AÑOS

Editor Noticiero DC |

El hombre sube la escalera erguido y con dos copas de vino blanco, una en cada mano. En el segundo piso brindará con su esposa, como suele hacerlo en los atardeceres primaverales.
A su edad, se ha encogido y, sin embargo, se le ve con mayor dignidad.
Vida disciplinada, buen dormir, levantarse temprano. Esa ha sido la clave de la longevidad del ex Presidente Patricio Aylwin Azócar, que hoy cumplió 96 años y se convierte así en el Mandatario de Chile que ha tenido más larga existencia en la tierra. La receta la dio el propio Aylwin cuando la historiadora Patricia Arancibia Clavel se lo consultó en "Cita con la historia".

Pero también hay un elemento clave en esa longevidad, por sobre la genética: Su esposa, Leonor Oyarzún, la mujer que lo cuida y acompaña en su propio atardecer.
El hombre que sorprendió a todos cuando llegó a La Moneda después de una interna en su partido donde derrotó al famoso Gabriel Valdés Subercaseaux y se produjo el polémico Carmengate (por una supuesta manipulación de votos en la calle Carmen) fue de menos a más. Al principio, parecía un bonachón que solía juntar las manos, sonreír y hablar de "la gran familia democratacristiana". No obstante, tenía una sólida preparación jurídica, una trayectoria política más respetable que cualquiera de su partido y 72 años que le habían dado sabiduría. La suficiente como para no dejarse amilanar cuando le vapulearon su política de los acuerdos, gracias a la cual consiguió el gran objetivo de su gobierno: poner paños fríos en las cabezas calientes y caminar hacia la reconciliación en un país que estaba dividido en dos.

Reglas de consecuencia

Nació el 26 de noviembre de 1918 en Viña del Mar y creció en la comuna de San Bernardo (misma donde vivió Lucía Hiriart de Pinochet, con quien alguna vez intercambiaron recuerdos), donde estudió casi toda su enseñanza escolar. Su último año de colegio lo hizo en el Internado Nacional Barros Arana.
Aunque su padre era masón, su madre, doña Laura Azócar, primó con su ejemplo católico.
Hay una anécdota de su vida que suele contar:
-Yo tuve un gran conflicto con mi formación religiosa, estaba muy crítico de la posición reaccionaria de la Iglesia. Y un día domingo mi padre me llama y me dice: Oiga, jovencito, ¿por qué usted no va a misa? Y yo le respondí: "Bueno, y qué me dice usted". A lo que mi padre me advirtió: "Yo no soy católico, pero tú dices que lo eres. Si tú dices que eres católico, tienes que ir a misa". Me fue poniendo las reglas de consecuencia, que creo que heredamos sus hijos de él.
Su padre, Miguel Aylwin Gajardo, un abogado masón que presidía la juventud liberal de Santiago entre 1915 y 1918, fue designado presidente de la Corte Suprema a fines del segundo mandato del general Carlos Ibáñez del Campo.
El joven Patricio le siguió los pasos en lo profesional: En 1944 se tituló de abogado en la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile, donde hizo su memoria sobre "El juicio arbitral". Lo notable fue que se constituyó en un clásico de la literatura jurídica y durante 60 años ha habido sucesivas ediciones actualizadas. De la sexta edición se encargó el abogado Eduardo Picand y al acto en la Cámara de Comercio de Santiago, el pasado 24 de octubre, asistió el propio ex Presidente, que estaba retirado de las pistas públicas.
Cuatro años después de titularse se casó con Leonor Oyarzún Ivanovich, a quien le pidió matrimonio casi apenas la vio. Tienen cinco hijos: Laura Mariana (la ex ministra), Leonor Isabel, Miguel Patricio, José Antonio y Juan Francisco.

Amistades de su futuro político

En su época universitaria conoció a personajes fundamentales en su futuro político: Eugenio Velasco, Enrique Silva Cimma, Alejandro Hales, Carlos Altamirano, Clodomiro Almeyda, Felipe Herrera y Juan de Dios Carmona. Tuvo muchas dudas entre militar en el socialismo o en la Falange Nacional. En 1946 optó por esta última, muy unido a la Iglesia Católica.
En 1957 la Falange se transformó en Democracia Cristiana y un año más tarde don Patricio asumió la dirección durante dos años. Impulsó entonces la campaña presidencial de Eduardo Frei Montalva y, tras su derrota, hizo dura oposición al gobierno de Jorge Alessandri Rodríguez.
Fue elegido senador por Curicó, Talca, Linares y Maule de 1965 a 1973, y siempre se mantuvo incondicional a Frei Montalva, especialmente cuando en 1967 los sectores rebeldes de la Democracia Cristiana lo presionaban para que hiciera cambios más radicales.
Al terminar el gobierno de Frei, cuando el candidato de la Unidad Popular obtuvo una mayoría relativa en las elecciones presidenciales y el Congreso debió dirimir, le correspondió a Aylwin, junto a Luis Maira y Jaime Castillo, negociar con Salvador Allende el Estatuto de Garantías Constitucionales.

Cuando los demócratas eran minoría

En su libro "El reencuentro de los demócratas. Del golpe al triunfo del NO", Aylwin recuerda cómo se fueron quebrando los rasgos del carácter nacional como respeto, tolerancia y tendencia a no extremar los conflictos, por la polarización ideológica que vivió Chile a partir de los años 60: "Muchos de los que querían 'hacer la revolución' para realizar su ideal de construir una sociedad más justa, en la que todos los hombres fueran verdaderamente iguales, llegaron a visualizar las libertades democráticas y los mecanismos del Estado de Derecho que los garantizan como obstáculos o impedimentos que era necesario remover.
Al otro lado, los sectores más conservadores de la sociedad chilena y todos los que veían sus derechos o intereses amenazados por 'la revolución' -aun los que tenían 'ideas liberales'- llegaron a creer que la única manera de salvar la libertad era suprimirla por un tiempo.
Para los primeros, lo que calificaban de democracia 'formal' o 'burguesa' no era sino un escollo para cumplir su tarea de implantar el socialismo. Los segundos, en cambio, creyeron que la legalidad democrática era demasiado débil para proteger con eficacia la libertad personal y el derecho de propiedad.
De este modo se fue gestando la paradoja de que en este país de tradiciones democráticas quedamos reducidos a ser minoría -tanto en las filas gobiernistas como en las opositoras- los que creíamos esencial salvar la democracia".

La muerte de Pérez Zujovic, la gota que rebasó

En 1971 asumió como presidente del Senado. El 8 de junio de ese año la VOP (Vanguardia Organizada del Pueblo) asesinó a su correligionario y amigo Edmundo Pérez Zujovic. Ese fue el punto de quiebre entre la UP y la DC. Declaró que el gobierno de Allende había roto la institucionalidad, mientras el cardenal Raúl Silva Henríquez decía en el funeral de Pérez Zujovic que el odio mata el alma.
A comienzos de un incendiario 1973, asumió por sexta vez la presidencia de su partido. Como tal, y en una tarea conjunta con el Cardenal Silva Henríquez, realizó algunos intentos de diálogo con Allende.
Ante voces que afirman que su padre apoyó el golpe, su hija historiadora, Mariana, nos dijo:
-Mi padre, como presidente del partido, buscó hasta el último día una salida institucional. De hecho, el 9 de septiembre hubo una junta ampliada de la DC en la cual él dio cuenta de todo lo que había hecho buscando las rectificaciones del gobierno: Conversó con Allende, intervino con el cardenal en comisiones y propusieron una última salida, que todos renunciaran a sus cargos para que hubiera nuevas elecciones y que el Presidente (Allende) también renunciara.
Durante los primeros meses, tanto Frei Montalva como Aylwin se pronunciaban argumentando los fundamentos de la intervención militar. Dada la virulencia con que reaccionó la ultraizquierda, Aylwin habló incluso de "la lucha de las fuerzas de seguridad contra la subversión armada de inspiración marxista".
Pero las relaciones se fueron tensionando a corto plazo. Especialmente cuando el gobierno militar expulsó del país a Renán Fuentealba en 1974, luego detuvo a Claudio Huepe y ordenó suspender los comentarios de la radio Balmaceda, que era del CDC. El quiebre total fue con el atentado al tres veces ministro DC Bernardo Leighton y su esposa en 1975, durante su exilio en Roma.
El clima estaba muy crispado cuando en 1984, en un seminario en el Instituto de Estudios Humanísticos, Patricio Aylwin propuso que se aceptara la Constitución de 1980 y dentro de la institucionalidad lucharan por el retorno a la democracia, proponiendo fórmulas para modificar algunos aspectos de la Constitución. Así lo hicieron y lograron varias reformas.
Y sorteando mil y un obstáculos, se inscribió como candidato oficial a la presidencia el 8 de agosto de 1989. Ganó las elecciones con el 55,2 por ciento de los votos (Hernán Büchi obtuvo 29,2% y Francisco Javier Errázuriz 15,4%).

El modelo de su presidencia

Lo primero que hizo como gobernante fue crear la Comisión Verdad y Reconciliación. De ese modo, priorizó la verdad antes que la justicia. Y a partir de ese momento comenzaron a cuestionarlo. Pero, de acuerdo al análisis de Ascanio Cavallo y Margarita Serrano en el libro "El poder de la paradoja", con esa comisión desencadenó el modelo chileno de superación de la violencia: 1) Reconstitución de la verdad; 2) restauración de la dignidad de los caídos; 3) emplazamiento a la justicia para hacerse cargo de sus obligaciones declinadas durante años; y 4) conciencia de que la huella de ciertos dolores no desaparecería sino después de varias generaciones. "Esta secuencia hizo posible que la profilaxis moral de Chile fuese una de las más profundas de Occidente en el final del siglo XX", dijeron los autores.
Su amigo Enrique Krauss cuenta que Aylwin le confesó que más de un par de veces soñó con ser rector de la Universidad de Chile, pero jamás con ser Presidente de la República. Y cree que uno de sus rasgos diferenciadores era su condición de maestro (hizo clases en la Universidad de Chile y en la Católica entre 1952 y 1960). "El era muy capaz de orientar y hacer que sus colaboradores o alumnos pudieran tomar determinaciones".

Mariana Aylwin puede tener la clave de su temperamento:

-Yo creo que tiene mucho temple. Ha sido sano psicológicamente. Tiene conciencia de sus límites. Se juega por lo que cree, pero no se siente con responsabilidades imposibles sobre sus hombros. Eso le da una cierta paz. Lo definiría como un idealista pragmático.

Dijo al terminar su gobierno: "Me voy contento, pero no orgulloso" 

Al finalizar su período presidencial en marzo de 1994, Aylwin declaró: "Me voy contento, pero no orgulloso. Tengo clara conciencia de que quedó mucho por hacer". Quería reformar, entre otras cosas, el sistema electoral y la Ley Orgánica de las Fuerzas Armadas con la inamovilidad de los comandantes en jefe.
Sobre los aspectos más duros de su período, Aylwin ha citado la transición política, el entendimiento con las Fuerzas Armadas y la reconstrucción del sistema democrático.

TOMADO DE La Segunda online – www.lasegunda.com