CHILE | A LOS 83 AÑOS, EL SENADOR RUIZ-ESQUIDE ABANDONA LA POLITICA

Editor Noticiero DC |

Una prolífica trayectoria pública, que, por cierto, destacará en los anales de la historia política de Chile, legará el senador del Partido Demócrata Cristiano (PDC), Mariano Ruiz-Esquide Jara.
Tras cumplir en el Senado tres períodos de ocho años cada uno, este doctor y político oriundo de Talcahuano cesará en sus funciones parlamentarias luego de no haberse presentado a la reelección en los comicios electorales de 2013.
Con voz pausada, tenue, y acento melancólico, este longevo senador dialogó extensamente con LA TRIBUNA. Faltando dos meses exactos para cumplir 84 años, dejará de ejercer el lunes 10 de marzo un cargo que lo identificó ante la comunidad local y nacional durante los últimos 24 años.



¿Cómo han sido las semanas previas al término de su carrera política?
De dulce y agraz. De dulce, porque he recibido múltiples manifestaciones de aprecio y cariño, por ejemplo, una organizada por el alcalde de Concepción. Todas las muestras han sido muy alentadoras y gratificantes. Pero, al mismo tiempo, hay que reconocer que hay un cierto dejo de nostalgia. Cuando se ha estado 24 años en un lugar donde hemos trabajado permanentemente, donde hemos tenido tres elecciones que gané con la primera mayoría, que hemos hecho una vida política sin grandes sobresaltos, se echa de menos. Probablemente, el lunes 10 de marzo, cuando sea el último día que esté en el Congreso, va a ser un poco nostálgico, con cierto ánimo de seguir viendo qué vamos a hacer.
¿Cuál fue la dinámica en torno a la cual giró su vida como senador?
Los dos últimos años han sido bastante irregulares, porque con las enfermedades que tuve (al corazón), que fueron bastantes graves, se alteró un poco mi vida regular que llevé durante 22 años, donde sistemáticamente estaba los martes, miércoles y jueves en Santiago y Valparaíso, y luego me venía los fines de semana; ese ritmo se interrumpió por la enfermedad, ahora la cosa es distinta. A partir del lunes no tendré cargo alguno, por lo tanto, no haré vida política pública. Por lo tanto, mis visitas a esta zona serán por invitaciones que me hagan o para descansar y compartir con mis amistades. Pero, a pesar de las enfermedades, he seguido trabajando y estando presente en el Congreso. Lo haré hasta el último día.
¿Qué le han dicho sus colegas en estas últimas semanas?
Han sido todos, sin excepción, de una gentileza conmigo muy grande. No podría decir que he recibido una palabra descomedida; fueron gentiles, caballeros, damas, con mucho cariño, demostrando, según ellos, que ojalá pudiera haber seguido. Considero que hicimos una permanencia en el Senado, en la cual fuimos siempre muy amigos. Yo mantuve siempre mis puntos de vista que son bastante claros, pero nunca hubo una mala palabra, nunca hubo un enfrentamiento violento con ninguno de ellos. Todos han sido de una gentileza enorme y tengo sólo que agradecerles; me han dado despedidas, hemos hecho ceremonias hermosísimas como la de la Comisión de Derechos Humanos. Incluso, algunos senadores me han ofrecido que de repente vaya al Congreso y use sus oficinas; pero se va a echar de menos. Son 24 años seguidos, el 20 por ciento de mi vida.

SUS PRIMEROS AÑOS EN POLÍTICA
¿Cuáles fueron sus primeros pasos en política?
Mi vida política empieza como concejal, o regidor de aquel entonces, en Talcahuano, en 1963. Ya había entrado al PDC, fui candidato y gané. Después me presenté a diputado por Concepción y estuve casi tres períodos en la Cámara Baja, porque ahí vino el golpe militar. Entonces me vine a trabajar a Los Ángeles, al Hospital Base (estudió medicina en la Universidad de Concepción), donde estuve cuatro años, hasta 1977; después me volví a trabajar al hospital de Concepción hasta 1990, cuando salí elegido senador.
¿Cómo se ejercía antes el trabajo en política?
Cundo ejercí como concejal no teníamos dieta, ni remuneraciones; no teníamos nada. Lo único que se nos entregaba era un jeep un día a la semana para cada concejal. El jueves era mi día, así funcionamos dos años. Después vino la avalancha demócrata cristiana y me presenté como candidato a diputado.
¿En qué año ingresó a la Democracia Cristiana?
En 1957, cuando ya me había recibido de médico. De ahí he permanecido ininterrumpidamente en el partido; tampoco nunca me han echado. La Falange fue fundada en 1937, y después se fusiona con el Partido Conservador Social Cristiano en 1958. Es decir, hay 20 años de la Falange solitaria.
Durante la dictadura, ¿ejerció sólo como médico?
Nunca dejamos de hacer política, nunca durante la dictadura. A la semana siguiente de estar en Los Ángeles, me acuerdo que hicimos un almuerzo en mi casa, con cuatro o cinco personas, entre ellos, Renato Emilio de la Jara que había sido diputado, y con Pedro Stark, ambos grandes figuras de acá. Pero después siempre estuvimos haciendo algo, pero muy callados. Cuando se dieron cuenta que estábamos haciendo movidas para juntarnos, me pusieron todas las noches un jeep militar a la puerta de mi casa. Después, entonces, la manera de hacer política era que cada bautizo, matrimonio o acto familiar se transformaba en una relación política.

MARCANDO LA HISTORIA
¿Tiene un sabor especial el haber formado parte de etapas tan importantes en la política nacional, como los años previos a 1973 o el regreso a la democracia en 1990?
Para mí, la clave de la política fue una frase que leí al Papa Pío XII, quien, haciendo una reunión con políticos italianos, dijo: la política es, después de la religión, la tarea más cercana al ser humano y más cercana al alma del hombre. Eso me marcó mucho, porque desde entonces nunca vi la política sólo como un punto de poder, porque siempre ha sido tachada como la búsqueda de poder y ambición. Ahora, la política es efectivamente también el ejercicio del poder, y es un poder que crea concupiscencia, es decir, el afán desmedido de tener poder se da en la política con muchísima mayor fuerza que en ninguna otra parte. Sin embargo, si uno lleva bien la política, ésta da grandes satisfacciones.
En su caso, ¿cuáles fueron esas satisfacciones?
Cuando uno logra una ley, cuando logra que un proyecto que ha querido mucho se realice, o cuando hace una obra de especial significación para una zona, son satisfacciones enormes. Pero también hay un lado B, ya que por la concupiscencia del poder uno tiene muchas traiciones y momentos muy duros, y llega a comprender la naturaleza humana, sobre todo cuando hay dictadura.
¿Cuál fue su experiencia en este sentido?
Mi experiencia con la dictadura es que, como ningún otro sistema político o modelo, es capaz de poner de manifiesto lo mejor del hombre y la mujer, pero también lo peor. Los ejemplos de heroísmo que vimos durante la dictadura fueron infinitos, pero más grandes fueron todavía los ejemplos de traición, de pérdida de capacidades para defender los ideales.
¿Cómo definiría la política?
Es un ejercicio tremendo, hermoso, subyugante. Es como una droga, usted cae casi en una alucinación permanente, que es uno de los problemas que tiene la política. Hay algunos que dicen que termina siendo un vicio, porque también en general los políticos se van tarde; no son muchos los políticos que renuncian después de uno o dos períodos. Hoy día tenemos diputados que han tenido 6 periodos, que es más o menos a los 3 que yo tuve, porque los míos eran de 8 años.
Y usted, ¿por qué se mantuvo tantos años como senador?
Por dos razones fundamentales. Primero, porque cada vez que venía una elección el partido hacía un análisis, y se dio el caso que las tres veces que fui candidato a senador se suponía que, si no iba yo, perdíamos el cupo. Por eso me pidieron las tres veces que fuera; ahora, no tuvieron que rogarme mucho. La segunda razón, porque siempre sentí la petición del partido en la base. Entonces, no había razón para irse. La gracia de mis candidaturas es que en las tres fui subiendo. Salí la primera vez con 29%; después con 34%; y la tercera con 39%.
¿Se imaginó alguna vez un cuarto período?
Sí. Se pensó, porque estábamos en el mismo dilema de siempre. A medida que yo subía mi votación, se hacía más difícil que otro candidato tuviera una buena votación.
¿Cree usted que por su estado de salud no le insistieron postularse otra vez?
Fue una suma de cosas, una seguidilla de tres o cuatro cosas entre los años 2011 y 2012.
¿Le dolió que el PDC perdiera el cupo senatorial en Bío Bío Cordillera?
Me dolió mucho, porque esta era una agrupación senatorial que teníamos en la mano. Si hubiéramos hecho las cosas bien, conmigo o sin mí...se podrían haber hecho mejor. Lo que más me dolió fue la traición, no en la decisión final, sino que en los modos que se usaron, de gente que yo había ayudado mucho y con la cual habíamos trabajado. Eso me dolió mucho. En la política y en la vida, mi experiencia es que las grandes derrotas, las grandes controversias, las pérdidas de amistades, el fracaso en muchas cosas, tienen dos grandes causas: la soberbia y la deslealtad.


Tras dejar la actividad política pública, la vida de Mariano Ruiz-Esquide transcurrirá en la ciudad de Viña del Mar, lugar donde mantiene residencia hace una década; de hecho, adelantó que seguirá el cambio de mando desde su domicilio en ese lugar del país.
No obstante, junto con asegurar que en sus 83 años de vida “nunca he dejado de ir a Antuco”, añadió que “me escaparé para allá cada vez que pueda, pero, básicamente, me quedo en Viña del Mar”.
Respecto a cómo quisiera que lo recordaran, el parlamentario señaló: “Hizo todo cuanto pudo, fue un hombre que intentó hablar como pensaba y vivir como hablaba”. ¿Le alcanzó el tiempo? “No, no me alcanzó”, concluyó.



TRABAJO LEGISLATIVO
¿Cuál es el logro que más satisfacciones le otorgó su labor legislativa?
El proyecto del post natal, creo que es el mayor aporte que pude hacer. También destaco mi participación en la lucha por los derechos humanos, a cuya comisión pertenezco todavía; y mi preocupación permanente durante 24 años por la salud chilena.
¿Y los temas que lo dejan con un gusto amargo por no haberlos concluido?
Haber cambiado el sistema de las Isapres; estuvimos a punto de hacerlo. Tampoco pudimos cambiar la descentralización, que es un fracaso; lo tercero es la falta de recursos para haber mejorado la condición de Arauco y Lota, que son las ciudades más pobres que tenemos en la región.
En la provincia de Bío Bío, ¿logró cumplir con las expectativas?
Creo que hicimos en Los Ángeles y en Chillán un trabajo que rindió más que en Arauco. Hubiera querido hacer más; uno cuando es senador se da cuenta que el sistema del Estado es lento y el Parlamento tiene poca influencia sobre las políticas globales.


SU VIDA A LO LARGO DE 8 GOBIERNOS
La carrera política de Mariano Ruiz-Esquide está marcada por su participación como parlamentario y como dirigente DC en ocho períodos de gobierno, durante los últimos 50 años.
Fue así que el longevo senador definió con breves conceptos y frases a cada uno de los jefes de Estado que encabezaron dichas etapas.
Eduardo Frei Montalva: “Un gran hombre, a él y al partido les faltó tiempo para hacer algo más”.
Salvador Allende: “Esperanza frustrada”.
Augusto Pinochet: “Muerte”.
Patricio Aylwin: “La sapiencia dentro de la ley”.
Eduardo Frei Ruiz-Tagle: “Instalación de un Chile moderno”.
Ricardo Lagos: “Modernización de Chile”.
Michelle Bachelet: “La esperanza no completada y que espero que ahora la complete”.
Sebastián Piñera: “Un fracaso de la derecha”.