PANAMA | CANDIDATO QUE PROMETE Y CANDIDATO QUE SE COMPROMETE, POR MILTON HENRIQUEZ

Editor Noticiero DC |

La cultura política que padecemos ha devaluado la noble actividad hasta el punto de asemejarse más a un mercado persa que a la democracia ateniense. Si reconocemos que nuestras últimas cinco elecciones han sido fieles reflejos de la voluntad popular, tenemos que reconocer también que los diputados, los alcaldes los representantes y los presidentes que nos han gobernado - y que nos gobiernan -  fueron electos libremente por mayorías suficientes e incuestionables. También tenemos que anotar que más de la mitad de los panameños que pueden votar están inscritos en algún partido político y que de la otra mitad solo vota el 25% o sea la mitad de la mitad. No hay pues, tal repudio a la clase política cuando más de la mitad de los electores pertenecen a ella y el 75% vota consistentemente. Hay entonces una de dos situaciones: o los electores son cómplices del sistema o votan por el menos malo entre lo que hay.

Si son cómplices de un sistema que reelige a diputados que muestran en TV el soborno recibido, que parecen tener una fuente inagotable –de cuyo financiamiento nadie se quiere preguntar- para repartir jamones, arroz, cinc, bloques, etc.  y que paga veinte o cincuenta balboas por voto o por inscribirse en un partido,  no hay legitimidad para luego quejarse de los funcionarios que les dicen que “ya les pagaron el voto”. Si por el contrario detestan ese clientelismo pero no se involucran en la política, ni se presentan como candidatas, ni apoyan a gente buena -para que no haya que resignarse a votar ‘por el menos malo’- tampoco tienen autoridad para quejarse.  Hay que participar, hay que apoyar e impulsar a la gente noble y decente para que a que se candidatice – sea financieramente, sea con reuniones, sea elaborando planes y proyectos o de cualquier otra manera- solo así cambiará el sistema, solo así conseguiremos candidatos que valgan la pena y no que den pena.  La ciudadanía del Siglo XXI no se reduce al voto ciego, si no que nos obliga a la participación constante y vigilante.
No queremos candidatos que prometan, queremos candidatos que se comprometan. No es lo mismo prometer una vereda que comprometerse con el tránsito seguro de los residentes; no es lo mismo prometer un hospital, que comprometerse con un sistema de ciudades saludables; no es lo mismo prometer arreglar la escuela, que comprometerse con una educación de Primer Mundo.
Nunca como hoy, el futuro de la Patria ha estado más en nuestras manos. Comprometámonos con Panamá.