COLUMNA | LA CUMBRE, UN CLUB DE MANDATARIOS - DAVID VALENCIA -

Editor Noticiero DC |

En un continente donde el orden del día corresponde a democracias totalitarias, censura, persecuciones políticas y violaciones sistemáticas de derechos humanos, tuvo lugar la Cumbre de las Américas, escenario creado para que los países americanos asumieran retos, estrecharan lazos y se salva guardara la democracia.
La ciudad de Panamá fue la anfitriona de la VII edición de la Cumbre de las Américas, en la cual se especulaba habrían temas de principal interés para la comunidad de americana, como el cambio de la relación entre EEUU y Cuba, los compromisos del régimen de Raúl y Fidel para con sus pueblos, la violación continua de derechos humanos por parte del régimen de Venezuela, el decreto de EEUU que sanciono a 7 funcionarios del régimen venezolano, el proceso de paz de Colombia y la paulatina pérdida de garantías democráticas que se viene presentando en casi todos los países del hemisferio.
Gran expectativa y grandes retos para este espacio, no obstante los resultados de la cita continental fueron precarios, no hubo resolución ni declaración final, solo una tímida declaración institucional que apenas y es un saludo a la bandera. Sin embargo, lo más preocupante no es la ausencia de resolución, sino la total ausencia de discusión de los problemas democráticos en el continente, ante la mirada complaciente de gran parte de los jefes de Estado de América, en otras palabras, pasada la cumbre los cubanos seguirán sometidos y sin derecho a elegir o protestar,  los opositores venezolanos perseguidos y criminalizados, y los medios de comunicación comprados o censurados, en un proceso continuo de debilitamiento democrático en la región
De ahí que surge la pregunta ¿En qué momento se nos arrebató la OEA? Pues vale recordar que fue creada para proteger la democracia y la libertad en el continente, pero que a partir del alba chavista, que es en realidad el oscurantismo democrático, se ha dedicado a justificar los abusos de poder y las actitudes tiránicas de varios de los gobiernos de las américas, sobre la premisa del trato cordial y la extrema diplomacia que ha rebasado los principios e incluso al humanismo.
Este fue precisamente el espíritu que impulso el desarrollo de la cumbre, donde pudimos ver con vergüenza a Cristina defender el gobierno “democrático” de Venezuela, o a Correa justificar su persecución a los medios, o a Nicolás con su discurso inteligible y desordenado intentando llevar la apología del delito de los colaboradores de su régimen, o a Castro al hablar cínicamente, de la necesidad de brindar internet y tecnología a todos los habitantes de américa, en el más deprimente de los espectáculos.
Y si esto paso durante la agenda de los jefes de Estado, ni hablar de la agenda de la sociedad civil, que para nada resultó más alentadora, debido a la llegada a Panamá de grupos afines a los gobiernos totalitarios de Cuba y Venezuela, que a base de intimidación, agresividad y maltrato intentaron o  bien, imponer su ideario o bien sabotear el trabajo de los que asistimos con la intención de participar, discutir y compartir planteamientos, en un escenario desmotivante y cargado de frustración, y es que si esto pasa en la Cumbre de la OEA, que se desarrolla en un país de instituciones sólidas, como es Panamá, con presencia de medios de comunicación de todo el planeta y ante la mirada del mundo, ¿que pasara en Venezuela, Cuba o Nicaragua, donde los regímenes actúan con total impunidad?
Curiosamente el hecho más importante y representativo de la Cumbre, no surgió a partir de la iniciativa de los presidentes, sino del impulso de 26 ex presidentes, bajo la vocería del Ex presidente de Colombia Andrés Pastrana, que de manera categórica solicitaron al régimen de Maduro respeto por los derechos humanos, garantías para la oposición, y libertad para los  presos políticos, en lo que fue llamado por algunos medios la contra cumbre o la cumbre de la dignidad, por la importancia y profundidad de su contenido.
Como demócrata y habiendo participado en calidad de delegado en la VII Cumbre de las Américas, me duele ver como la entidad creada para generar confianza y defender la democracia, se ha venido convirtiendo en un club de mandatarios, donde la noticia más importante es la foto de quien le dio la mano a quien, o de en qué lugar se sentó cada cual, mientras la libertad se encuentra en vilo, los pueblos del continente sufren y nuestras democracias se desmoronan.

* David Valencia Campo, es Abogado especialista en derecho administrativo, miembro del Directorio Nacional Conservador, Presidente Nacional de Nuevas Generaciones