OPINION - PANAMA | MILTON HENRIQUEZ: ¿COMER COMIDA O COMER CUENTO?

Editor Noticiero DC |

Una de las principales promesas de campaña del candidato Ricardo Martinelli era que ‘él sí sabía cómo bajar el precio de la comida’. Como dueño de la principal cadena de supermercados, la gente creyó que él sabía cómo hacer que la comida fuera más barata. Yo creo que Ricardo Martinelli no mintió. Estoy convencido de que él sabe cómo bajar el precio de la comida; también estoy convencido de que no ha querido hacerlo —a pesar de saber cómo — porque no le conviene a sus negocios.
En más de tres años de gobierno, las cosas que se pueden hacer para que la comida se abarate —como la famosa ‘Cadena de Frío’— no se han hecho. Cuando vemos a los productores quejarse de la gran diferencia que hay entre los precios que les pagan a ellos y los que ponen en el súper, o de que están forzados a vender sus fincas porque no les han pagado lo que se les debe del ‘Fondo de Competitividad’, hay que preguntarse por qué se quiere destruir la base productiva del país para depender más de las importaciones, si sabemos que solo el 4% de la producción agropecuaria mundial se exporta. Queda claro que a este gobierno no le interesa la seguridad alimentaria.

Si vemos que aquí el precio de la comida aumenta más que la inflación general, tenemos que preguntarnos qué está haciendo el Gobierno Nacional para evitar una crisis alimentaria que golpea siempre más duro al más pobre. ¿Y por qué golpea al más pobre más duro? Simplemente porque si para una persona de altos ingresos, que dedica un 15% de su ingreso a comida, los precios suben en un 15 o 20% el impacto es marginal, pero para una persona que dedica el 70% de su ingreso a comida, el impacto es fatal. Esto se agrava porque los más pobres no ‘hacen súper’, sino que compran la comida del momento. En esos casos, el valor de la unidad es de centavos y cuando hay un aumento de costos —y el comerciante se ve en la necesidad de subir sus precios— no los sube proporcional al aumento, sino que ‘redondea al real’, esto es que si la lonja de queso había que subirla de diez centavos a doce centavos, lo más probable es que se suba a quince centavos; ya este no es un aumento de 20%, sino de 50%, pero es que el presidente no compra el queso en lonjas…
Después de tres años, ya no queremos comer más ‘cuento’.